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viernes, 22 de agosto de 2014

VASIJA DE PORTLAND, RECIPIENTE ROMANO DEL SIGLO I - en el muro del British Museum

Vasija Portland, escena 1

VASIJA DE PORTLAND,
RECIPIENTE ROMANO DEL SIGLO I

en el muro del British Museum


La Vasija de Portland es un recipiente romano construido a inicios del siglo I, que ha servido de inspiración para muchos fabricantes de vidrio y porcelana desde los inicios del siglo XVIII en adelante. Esta obra se encuentra expuesta en el Museo Británico desde 1945. Mide aproximadamente 25 centímetros de alto y 17,7 de diámetro. Se realizó en cristal azul violáceo con un camafeo de cristal blanco que rodea toda la vasija y que representa escenas con personajes humanos y dioses.

Interpretaciones

La interpretación de las representaciones contenidas en la vasija son motivo de debate y discusión.

Vasija Portland, escena 2

Se suele aceptar que la primera escena representa el nacimiento de Augusto, la batalla de Actium y el renacimiento de Roma, mientras que la segunda escena representa el nacimiento de Paris, la guerra de Troya y la destrucción de la esta ciudad. En cierto punto la iconografía de la Vasija de Portland sería un reflejo de la ideología propagada por la obra de Virgilio (Eneida) que los romanos eran descendientes de un héroe troyano Eneas, que escapó de la destrucción de la ciudad y se estableció en Italia, donde sus descendientes fundaron Roma. Así se puede entender que las escenas de la vasija quieren representar que sin la destrucción de Troya, el surgimiento de Roma y mucho menos el reinado de Augusto, no se habría producido.

Vasija Portland, detalle de Paris en la escena 2

Historia

Según la leyenda, la vasija se descubrió en el sepulcro del emperador Alejandro Severo cerca de Roma, en algún momento cercano a 1582, aunque la primera referencia documental histórica sobre la vasija es de 1601 en la que se la cita en una carta entre Fabri de Peiresc y el pintor Pedro Pablo Rubens, cuando se encontraba en Italia y era propiedad de la colección del cardenal Francesco María Del Monte, después del fallecimiento del cardenal pasó a pertenecer a la familia Barberini durante cerca de doscientos años, fue adquirida por William Hamilton y llevada a Inglaterra. Terminó siendo propiedad de William Cavendish-Bentick, tercer duque de Portland, en aquel momento Primer Ministro británico. Después de su préstamo a su amigo el ceramista Josiah Wedgwood, se entregó la vasija como depósito al Museo Británico en 1810. De ahí viene el nombre de «Vasija de Portland». Siendo adquirida finalmente en 1945 por el museo al séptimo duque de Portland.

El 7 de febrero de 1845, la vasija se rompió en pedazos después que William Lloyd, en estado de embriaguez, derribara una escultura cercana que, al caer, rompió la vitrina que contenía el recipiente y la propia vasija. Fue condenado a pagar una multa o a pasar dos meses en prisión.

Copias

Josiah Wedgwood en 1790 produjo una réplica perfecta en cerámica de la Vasija de Portland que exhibió en eventos privados en abril y mayo del mismo año, en la actualidad se encuentra en el Museo Victoria y Alberto. Se han realizado unas copias del V&A, que se encuentran, entre otros, en el Museo Fitzwilliam, el Indianápolis Museum of Art , el Birmingham Museum of Art de Alabama y el Departamento de Prehistoria y Europa en el Museo Británico.

(Wikipedia)

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Puedes visitar el muro del British Museum
pinchando en el siguiente enlace.


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jueves, 7 de agosto de 2014

BUSTO DE OCTAVIANO (FUTURO PRIMER EMPERADOR ROMANO) - en el muro de Musei Capitolini


BUSTO DE OCTAVIANO
(FUTURO PRIMER EMPERADOR ROMANO)

en el muro de Musei Capitolini



Retrato de Octaviano
Escultura
35-29 a.C.
Mármol
cm 74
Inventario: inv. MC0413

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Puedes visitar el muro de Musei Capitolini
pinchando en el siguiente enlace.


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Cayo Julio César Augusto, conocido como César Augusto y más habitualmente como sólo Augusto, fue el primer emperador del Imperio romano. Gobernó entre 27 a.C. y 14 d.C., año de su muerte, convirtiéndose así en el emperador romano con el reinado más prolongado de la Historia.

Nacido bajo el nombre de Cayo Octavio Turino, fue adoptado por su tío abuelo Julio César en su testamento, en el año 44 a.C. Desde ese instante hasta 27 a.C. pasó a llamarse Cayo Julio César Octaviano. En 27 a.C. el Senado le concedió usar el cognomen de «Augusto», y por consiguiente se convirtió en Cayo Julio César Augusto. A causa de los varios nombres que ostentó, es común llamarlo «Octavio» al referirse a los sucesos acontecidos entre 63 y 44 a.C., «Octaviano» de 44 hasta 27 a.C. y «Augusto» después de 27 a.C.

El joven Octavio se convirtió en heredero de Julio César tras el asesinato de éste en 44 a.C. Un año después, en 43 a.C., conformó junto a Marco Antonio y Lépido una dictadura militar conocida como el Segundo Triunvirato. Como triunviro, Octaviano gobernó Roma y la mayor parte de sus provincias como un autócrata, haciéndose con el poder consular tras las muertes de los cónsules Aulo Hircio y Pansa y haciéndose reelegir a sí mismo todos los años. Tiempo después, el triunvirato se iría rompiendo ante las ambiciones de sus creadores: Lépido fue obligado a exiliarse, mientras que Marco Antonio terminó suicidándose tras su derrota en la batalla naval de Accio frente a la flota de Octavio, dirigida por Agripa en 31 a.C.

Con la desaparición del Segundo Triunvirato, Octavio restauró los principios de la República Romana, con lo que el poder gubernamental pasó a establecerse en el Senado, aunque en la práctica él retendría su poder autocrático. Pasaron varios años para que se llegara a determinar la estructura exacta por la cual una entidad republicana podría ser dirigida por un único gobernante; el resultado pasó a conocerse como el Principado. El título imperial nunca llegó a considerarse como un cargo similar a lo que había significado la dictadura romana de la República, y que César y Sila habían ostentado con anterioridad; Augusto rechazó formalmente dicho cargo después de que la sociedad romana «le rogara que asumiera la dictadura».

El mandato de Augusto inició una era de paz relativa conocida como la Paz romana o Pax Augusta (en su honor). Salvo por las constantes guerras fronterizas, y con la excepción de una guerra civil de sucesión imperial que duró un año, la sociedad del Mediterráneo gozó de un ambiente pacífico durante más de dos siglos. De igual forma, Augusto expandió el Imperio romano, asegurando en el proceso sus fronteras mediante la subordinación a Roma de las regiones circundantes. Además, celebró un acuerdo de paz con el Imperio Parto —el más poderoso de sus vecinos— por la vía diplomática, reformó el sistema tributario romano, desarrolló redes de caminos que contaban con un sistema oficial de mensajería, estableció un ejército permanente (así como un pequeño cuerpo de marina), y creó la Guardia Pretoriana junto a fuerzas policiales de seguridad, tanto para mantener el orden como para combatir los incendios en Roma. Resulta destacable añadir que gran parte de la ciudad se reconstruyó bajo su reinado.

Tras su muerte en 14 d.C., el Senado lo divinizó, siendo posteriormente adorado por el pueblo romano. A manera de legado, sus nombres «César» y «Augusto» serían adoptados por todos los emperadores posteriores, y el mes de Sextilis sería renombrado «Agosto» en su honor.

(Wikipedia)

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viernes, 28 de marzo de 2014

Los indiscretos aseos públicos de la Antigua Roma - diario ABC.es


Los indiscretos aseos públicos de la Antigua Roma
En la civilización romana las necesidades fisiológicas
constituían una actividad social como cualquier otra


La cultura romana es conocida por su afición a las termas y baños públicos, unos recintos que eran auténticos lugares de encuentro para los ciudadanos del imperio. Su preocupación por la higiene era tan grande, que Roma se convirtió en la primera ciudad del mundo en poseer agua corriente y un sistema de alcantarillado; pronto, muchas otras urbes de esta civilización contaban con aseos públicos.

Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con los baños públicos actuales, en los que prima la intimidad, tal y como descubrimos en el blog «Ciencia histórica», en Roma estas instalaciones hacían honor al calificativo de públicas. Así, su entrada no solo estaba abierta a cualquier ciudadano, sino que una vez en el interior, las necesidades fisiológicas se hacían a la vista de todos los presentes, sin que existiera ningún tipo de separación o mampara que dividiese el espacio entre los distintos «excusados».

Así, los aseos públicos combinaban su función de alivio fisiológico con la de ser una actividad social más de entre las muchas que cultivaban los miembros de la sociedad romana.

Junto a esta llamativa característica, destaca también el método que empleaban para limpiarse el trasero. A falta de papel, en los baños frecuentados por las clases privilegiadas se usaba una esponja de mar atada al extremo de un palo, que luego era lavada en un canal de agua salada que corría en el suelo. En los barrios pobres, en cambio, tenían que recurrir a las manos, opción que fue adoptada durante siglos por otros muchos pueblos. No obstante, estos baños poseían una fuente destinada a que sus usuarios pudieran lavarse las manos tras utilizarlos.

Pequeñas anécdotas históricas como esta contribuyen sin duda a que hoy valoremos mucho más el avance que supuso un invento tan simple como el papel higiénico.