Mostrando entradas con la etiqueta Inteligencia Emocional. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Inteligencia Emocional. Mostrar todas las entradas

domingo, 3 de agosto de 2014

CUATRO RETOS PARA NUESTRA INTELIGENCIA EMOCIONAL - por Valeria Sabater - en la página La mente es maravillosa

Barreras emocionales

CUATRO RETOS PARA
NUESTRA INTELIGENCIA EMOCIONAL

por Valeria Sabater
en la página La mente es maravillosa


Timidez, inseguridad, hipersensibilidad, miedo... todos podemos en un momento dado, caer en las redes de estas emociones sin fondo que nos ahogan y nos superan. Son barreras que nos atrapan en un instante determinado de nuestras vidas impidiéndonos ver más allá, atándonos de pies y manos.

Hay quien obtiene la fortaleza necesaria para asumirlas, controlarlas y gestionarlas adecuadamente para vencer y dar ese paso necesitado hacia el mañana, hacia ese futuro donde podemos ser capaces de lograr lo que necesitamos.

A otros, en cambio les cuesta más. Pero no por ello son menos capaces de conseguirlo. Todos, absolutamente todos disponemos de esa mecha interior con la que podremos echar abajo nuestras propias barreras emocionales. Pero eso sí, existen cuatro estados que hemos de saber identificar para mantenerlas a flote con una adecuada actitud vital. Con energía y determinación. Te explicamos cuáles son:

1. CONTROLA TUS EMOCIONES NEGATIVAS

"Hoy no voy a poder". Si empezamos el día con esta idea, es difícil que logramos ascender peldaños en nuestra fortaleza interior, perdiendo así poco a poco el necesitado escalón de nuestra autoestima. Los pensamientos negativos revolotean sobre nuestras cabezas muy a menudo como oscuros cuervos de alas de metal. Asustan, hieren y nos hacen perder el rumbo.

(...)

2. LUCHAR CONTRA EL SENTIMIENTO DE INFERIORIDAD

Sentirte en menores condiciones que otras personas, menos capaz, o menospreciado, son realidades que pueden llegar a hacernos verdadero daño. Pero tenlo en cuenta, el sentimiento de inferioridad empieza en la mente de uno mismo. Si es así como te ves, ese será el reflejo que les mostrarás también a los demás.
¿Vale la pena? Desde luego que no.

(...)

3. MIEDO AL RECHAZO

Es una realidad muy común. Una barrera emocional que impide a muchas personas llegar a ser felices. Miedo a formar parte de un grupo social, disponer de amigos, acercarse a esa persona que desearíamos tener como pareja... miedo continuo a ser rechazados.

(...)

4. CONTROLAR LOS CELOS

Esta sensación tan común de sufrir envidias, o de querer controlar a determinadas personas para que no nos traicionen, tienen siempre como base una falta de autoestima. Y es otro sentimiento que puede llegar a ser muy devastador en muchos casos. Creer que no somos valorados, que otras personas pueden ser mejor que nosotros y quitarnos aquello que deseamos, es un estado de gran sufrimiento tanto para quien sufre los celos, y también, para aquellos que les rodean.

(...)

---

Recuerda, las barreras emocionales siempre cuesta poder superarlas. Pero es una carrera de fondo y de resistencia, que solo los valientes como tú pueden afrontar. Vale la pena.

---

Puedes leer el texto completo
pinchando en el siguiente enlace.


---

Valeria Sabater es psicóloga, escritora, hiladora de sueños.
Autora de "El cuaderno azul de El Cairo" y "Hada Oscura".

---

viernes, 13 de junio de 2014

YOGI AMRIT DESAL - LA ALEGRÍA SÓLO EXISTE EN LA ACEPTACIÓN - en el muro de "Inteligencia Emocional y otras habilidades"


LA ALEGRÍA SÓLO EXISTE EN LA ACEPTACIÓN
Yogi AMRIT DESAL
en el muro de
"Inteligencia Emocional y otras habilidades"


"El sufrimiento sólo existe en la resistencia.
La alegría sólo existe en la aceptación.

Las situaciones dolorosas que se aceptan
se convierten en gozo para el corazón.

Las situaciones gozosas que no se aceptan
se convierten en sufrimiento.

No existe nada llamado mala experiencia.
Las malas experiencias son sencillamente
la creación de nuestra resistencia a lo que es."

(Yogi AMRIT DESAL,
"El amor es como el sol")

---

Puedes ver el muro de "Inteligencia Emocional y otras habilidades"
pinchando en el siguiente enlace.


---



---


lunes, 6 de enero de 2014

Adictos a la infelicidad - Martha Heineman Pieper & William J. Pieper - Inteligencia Emocional y otras habilidades


Adictos a la infelicidad
Martha Heineman Pieper & William J. Pieper
Inteligencia Emocional y otras habilidades


Es sorprendente (cuando se desconocen las verdaderas causas), ver cómo existe gente que se auto-boicotea, de cómo observamos a personas, quizás muy queridas para nosotros, permanecer en situaciones o relaciones que las hacen profundamente infelices pero que no desean cambiar. Es como si su placer o refuerzo (lo que reciben y les compensa de estar de esa determinada manera) las hiciera pensar que son felices cuando objetivamente no lo son y las estamos viendo sufrir, desde nuestra perspectiva.

Muchas de estas situaciones encuentran su explicación en la infancia de dichas personas. Las experiencias más tempranas aún pueden seguir vivas e interfiriendo de manera encubierta con nuestra capacidad para crearnos la vida que deseamos. En nuestro camino se interponen conceptos negativos que hemos ASUMIDO tanto sobre nosotros mismos como sobre los demás, conceptos que probablemente aprendimos antes incluso aprender a hablar y, con seguridad, antes de que pudiéramos tener una mente adulta como la que poseemos. Estos conceptos asumidos pueden ser invisibles a nuestros ojos, pero son tan reales como una gran roca y ejercen una tremenda influencia en nuestra vida cotidiana.

Opuestamente a lo que algunas teorías promulgan, todos los recién nacidos llegan al mundo sintiéndose optimistas con respecto a las relaciones humanas, con una cantidad de felicidad interior, adoran a sus padres y nacen con la convicción de que, como bebés, son seres tan adorables que sus padres, de forma natural, quieren cuidarles y darles mucho amor. Esto hace que los niños sientan que todo lo que experimentan, tanto lo bueno como lo malo, es una expresión del amor que necesitan porque eso ES LO QUE SUS PADRES QUIEREN PARA ELLOS. Como aman a sus padres plenamente, su MAYOR DESEO es imitarles en todo y tratarse a sí mismos igual que sus padres los tratan a ellos.

Con el paso del tiempo, el bienestar innato del niño criado por unos padres conscientes de si mismos y que entienden bien la educación infantil se hace fuerte como una roca y no se tambalea a pesar de los altos y bajos que puedan ocurrir en su vida. Ciertamente, cualquier persona que sufra una pérdida o una desilusión importante en la vida se sentirá triste, pero aquellas cuya felicidad interior es estable no desarrollaran la necesidad de culparse a sí mismos o a los demás buscando consuelo cuando las cosas no van bien.

Si por el contrario fuiste criado, con la mejor de las intenciones sin duda, por unos padres cuya inteligencia emocional era deficiente, y supongamos que ellos, siguiendo esa creencia popular (aunque dañina) de dejarte llorar hasta que te durmieras (pensando por su parte que eso te beneficiaría, te fortalecería el carácter y te haría más independiente cuando fueses mayor), te habrías quizás sentido angustiado no solo por el cansancio o la incomodidad lógicas en un bebé antes de dormir, sino porque tus padres, las personas más importantes para ti en esos momentos, no venían a rescatarte o consolarte. Si en los primeros años de su vida tus lágrimas no encontraron consuelo, en vez de pensar, como lo haría un observador imparcial adulto, que te estabas sintiendo mal, creerías que esa infelicidad que no fue consolada era el ESTADO IDEAL que tus adorados padres querían que experimentaras. Al sacar la conclusión de que esos sentimientos de infelicidad representaban la verdadera felicidad, de manera natural, desarrollaste un fuerte deseo o necesidad de volver a reproducir esos sentimientos. Al hacerte mayor, quizá hayas empezado a pensar inconscientemente que, ya que tus padres querían que te sintieras infeliz, cuando te sientes demasiado feliz estas traicionándoles o decepcionándoles.

En otras palabras, no llegamos a este mundo siendo ya poco sociables, manipuladores, con tendencia a ser malcriados, chantajistas o dependientes. No fueron nuestros genes los causantes de esos rasgos de nuestra personalidad que nos hacen a veces la vida difícil tanto a nosotros como a los que nos rodean. La sorprendente y simple verdad es que, sin darte cuenta, como la mayoría de la gente, en alguna ocasión probablemente hiciste que tu vida o (la de los que te rodean) fuera difícil o infeliz porque el amor que sentías por tus padres le llevó a confundir felicidad e infelicidad. Al fin y al cabo, el niño desea como fin último cumplir las expectativas y deseos de sus padres.

A MODO DE EJEMPLO:

Quizás seas una de las muchas personas que periódicamente se sienten inseguras o que creen no están a la altura de las circunstancias, es probable que cuando eras niño esperaran demasiado de ti (mucho más de lo que es exigible a un niño, pero que como niño desconocías que era excesivo), y por ello crecieras con el sentimiento de que, con frecuencia, estabas decepcionando a tus padres y a otros adultos importantes para ti al pensar que no estabas cumpliendo sus expectativas.

Esta sobreexigencia que se proyecta al niño suele tener su origen en la creencia errónea que a la mayoría de los padres se les enseña acerca del cuidado de sus hijos, y se trata del creer que al llegar a ser adultos, se comportarán socialmente como lo han hecho cuando eran niños, y también suelen pensar, erróneamente, que las buenas cualidades de los adultos, tales como la generosidad y la responsabilidad, deben enseñarse desde muy pronto o nunca se podrán aprender. En general, se espera que los niños, desde los primeros años de vida, sean sinceros, buenos hermanos, buenos perdedores, que coman bien y que hagan siempre sus tareas.

Si te has sentido identificado no temas, una adicción a la infelicidad no es el resultado de una voluntad débil, del temperamento con el que naciste o de un problema de carácter. Paradójicamente, es algo que surge del deseo innato y positivo de querer disfrutar de relaciones satisfactorias y de felicidad interior. Deseo constructivo que ha podido ser distorsionado involuntariamente a comienzos de la infancia y crear como resultado una necesidad no identificada de sentirse “feliz”, reproduciendo esa infelicidad que le es tan familiar de sentirse castigado, rechazado, desatendido o que le exigen demasiado.

No es nuestra intención culpar a los padres o a otros adultos que fueron importantes ti. Las personas que te cuidaron lo hicieron lo mejor que pudieron y, con seguridad, solo querían lo mejor para ti. Examinar las experiencias de tu infancia es útil porque la única manera de mejorar tu vida permanentemente es comprender por qué y cómo los efectos de estas experiencias te están influenciando hoy en día.


AUTORES: Martha Heineman Pieper & William J. Pieper.

LIBRO: Adictos a la infelicidad.