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jueves, 7 de agosto de 2014

TEMPLOS FUNERARIOS (VISTA GENERAL), EN DEIR EL-BAHARI - gracias a Andrea Valeria - en el muro de Egyptian Museum


TEMPLOS FUNERARIOS (VISTA GENERAL),
EN DEIR EL-BAHARI

gracias a Andrea Valeria (en Egiptomaniacos)
en el muro de Egyptian Museum


"Aprovechando que, por una vez, la imagen muestra en conjunto y no solo lo que enseñan a los turistas, nos hallamos aquí ante un conjunto de tres templos funerarios. A la izquierda en la foto, el más antiguo de Montouhotep II (Din XI, hijo de Antef III a quien sucede). Entre este y el de Hatchepsut el templo funerario de Tutmósis III, en muy mal estado, de quien Hatchepsut aseguró la regencia, usurpando de hecho el poder en el segundo año del reinado de Tutmósis III entonces un niño."

(Comentario de Eric Lopez Contini)

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Puedes visitar el muro de Egyptian Museum
pinchando en el siguiente enlace.


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Puedes visitar el muro de Egiptomaniacos
pinchando en el siguiente enlace.


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Aunque no fue en Karnak donde Hatshepsut desplegó toda su imaginería, sino en la orilla oeste de Tebas, la necrópolis de entonces. En aquella época, los faraones hacían construir, además de su tumba, un templo funerario algo alejado de ésta, que sirviera a un mismo tiempo para proteger y recordar al difunto. Hatshepsut escogió el paraje de Deir el-Bahari para edificar su templo de millones de años, y encargó la tarea a su arquitecto favorito, Senenmut.

El resultado final fue envidiable: construido al lado del templo de Mentuhotep II, el de Hatshepsut es una de las joyas del Antiguo Egipto y uno de los destinos más visitados por los turistas. Conocido por aquel entonces como el Dyeser-Dyeseru (el sublime de los sublimes), su estructura en forma de largas terrazas y de rampas con suave inclinación, de estilo similar al de Mentuhotep II, le hacen fundirse a la perfección con la roca y el entorno. Uno de los misterios en dicho templo radica en un sector sellado como una caja en la pared en que se puede observar por un lado a Hatshepsut en actitud amatoria y a Senenmut en la otra cara, como receptor de la pose amatoria de la reina, lo que deduce un íntimo vínculo (prohibido por su linaje) entre el arquitecto y la reina-faraón.

(Wikipedia)

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Casa del millón de años es el nombre que recibieron varios templos del Imperio Nuevo de Egipto, construidos en la orilla occidental del Nilo a su paso por Tebas por faraones de las dinastías XVIII, XIX y XX.

Su objetivo era mantener un lugar para el culto del rey divinizado, asociado a Amón, la principal divinidad tebana de la época. El faraón se encontraba así aureolado de una estela divina y la función real se magnificaba y exaltaba. Al lado del templo había una zona para custodiar la barca de Amon, que efectuaba la visita a los templos durante la Hermosa Fiesta del Valle.

Una casa del millón de años no está destinada a servir de sepultura, en antiguo egipcio el término significa en realidad Fortaleza de millones de años; en principio, no se diferencia un templo funerario de un templo para el culto a los dioses: una vez muerto el faraón era considerado un dios y su templo, que lo llamaron Casa del millón de años, se construía para una divinidad. Hay que tener en cuenta que un templo era la vivienda de un dios, y no el lugar donde congregarse los fieles, pues su acceso les estaba vedado.

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En Deir el-Bahari se encuentra la Casa de Hatshepsut, construida junto al templo de Mentuhotep II (dinastía XI). Es el más monumental de los edificios construidos en el valle y único en su género en todo Egipto, que se distingue de otros porque está en parte excavado en la roca de la montaña a la cual se adosa, y se eleva sobre tres terrazas conectadas por rampas. Su implantación fue elegida por su alineación con los pilonos del templo de Amón en Karnak, en la orilla opuesta del Nilo. Para ello, se niveló el terreno, eliminando un santuario erigido por Amenhotep I.

La obra fue dirigida por el arquitecto Senenmut que, con un gusto diferente al usual y una gran mente libre, utilizó las terrazas naturales para integrar armoniosamente el edificio en el paisaje elevando patios superpuestos, rodeados en parte por columnatas, y unidos por las rampas de acceso. Sobre las terrazas desérticas, el arquitecto había creado jardines y plantado árboles de incienso traídos del país de Punt. Está dedicado a Amón, Anubis y Hathor (diosa del placer y protectora de las mujeres).

En la segunda terraza se encuentra a la izquierda la sala de Punt, a la derecha la sala del nacimiento dónde figuran representaciones de la reina creada por dios Amón, y al fondo las capillas de Anubis y Hathor. Las paredes se adornaban con escenas tratadas en un estilo elegante y sobrio, característica de este tiempo: las pinturas e inscripciones narran el nacimiento divino de la reina y la expedición que Hatshepsut organizó al país de Punt.

Entre el embarcadero, sito en un canal perpendicular al Nilo, y la puerta de entrada al templo, había un suntuoso dromos (avenida de esfinges) de 800 m de longitud con 120 esfinges de cuerpo de león, cuya cabeza era la de la reina adornada con el nemes. Hoy está completamente desaparecido.

(Wikipedia)

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sábado, 3 de mayo de 2014

NUBES SOBRE EL TEMPLO DE LA REINA-FARAÓN HATSHEPSUT - Egypt Cradle of civilization


NUBES SOBRE EL TEMPLO DE LA
REINA-FARAÓN HATSHEPSUT

Egypt Cradle of civilization



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Hatshepsut, reina-faraón de la dinastía XVIII de Egipto. Quinta gobernante de dicha dinastía, reinó de ca. 1490–1468 a. C. Gobernó con el nombre de Maatkara Hatshepsut, y llegó a ser la mujer que más tiempo estuvo en el trono de las "Dos Tierras".


El nombre de Hatshepsut con el que se la reconoce hoy en día en principio era un título con el significado de "La primera de las nobles damas" o "la principal dama de la nobleza'', que también se presentaba en su forma completa de Hatshepsut Jenemetamón, esto es, "La primera de las nobles damas, unida a Amón".

Nieta, hija y esposa de faraones

El padre de Hatshepsut, Tutmosis I, había logrado expandir el Imperio egipcio de manera nunca antes vista en tan sólo trece años de reinado. Este prodigioso monarca pasaría a la historia por llevar a sus tropas al curso de un río enorme que, al contrario que el Nilo, no discurría de sur a norte, sino a la inversa: el Éufrates.



A la muerte, algo temprana, de Tutmosis I, Hatshepsut era la mejor situada para sucederle en el trono, pues sus hermanos varones ya habían muerto. Es posible que incluso el propio Tutmosis I tratase en vida de asociar a su hija al trono, como así lo demuestra que la nombrase Heredera. Sin embargo, sus deseos fueron incumplidos, pues al parecer una conjura palaciega encabezada por el chaty y arquitecto real, el poderoso Ineni consiguió sentar en el trono a Tutmosis II, nacido de una esposa secundaria. Hatshepsut tuvo que soportar convertirse en la Gran Esposa Real de su hermanastro, y se cree que este fue un duro golpe a su orgullo.

La joven reina era descendiente directa de los grandes faraones libertadores de los hicsos y además ostentaba el importantísimo título de Esposa del dios, lo que la hacía portadora de la sangre sagrada de la reina Ahmose-Nefertari. Es lógico que su orgullo fuera inmenso, y que no soportase muy bien la idea de supeditarse a su marido. Así, no es de extrañar que mientras su débil y blando esposo ceñía la doble corona, Hatshepsut comenzara a rodearse de un círculo de adeptos que no dejaron de crecer en poder e influencias: entre ellos destacamos sobre todo a Hapuseneb y a Senenmut. La gran esposa real se había convertido, para temor del visir Ineni, en un peligroso oponente.

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Cuando se vio lo suficientemente fuerte, la hasta entonces gran esposa real y esposa del dios, Hatshepsut, en presencia del faraón Tutmosis III, se autoproclamó también faraón de las Dos Tierras y primogénita de Amón, con el beneplácito de los sacerdotes, encabezados por Hapuseneb. El golpe de efecto fue magistral, y el inexperto Tutmosis III no pudo hacer otra cosa más que admitir la superioridad de su tía y madrastra. Hatshepsut se había convertido en la tercera reina-faraón conocida en la historia egipcia.

Hatshepsut asumió todos los atributos masculinos de su cargo excepto el título de "Toro poderoso" haciéndose representar a partir de entonces como un hombre y tocándose de barba postiza. Estableció una insólita corregencia con su sobrino, aunque hubo un clarísimo predominio de la primera sobre el segundo, hasta tal extremo de colocarlo en un segundo plano impropio del papel futuro que tendría Tutmosis III en la historia. Tal era el carisma y la personalidad de esta mujer.

Aun así, no se puede ver de ninguna forma a Hatshepsut como una usurpadora, visión que han trasladado a nuestra época algunos autores. Al menos no se vio así en su tiempo, pues de haber sido el caso, Hatshepsut habría eliminado con total facilidad a sus adversarios o se habría producido una guerra civil.

Actividad constructora


"El" faraón Hatshepsut dedicó la mayor parte de su reinado a embellecer el país y a restaurar los templos, con el beneplácito de sus aliados los sacerdotes. Egipto, también había sufrido hacía dos generaciones la última de sus guerras, cuando el abuelo de la reina, el rey Ahmose, expulsó a los hicsos, un pueblo semita que había conseguido dominar el país durante cien años. Como habían hecho sus antecesores, Hatshepsut invirtió mucho en borrar todos los daños ocasionados por la guerra de liberación que había elevado a su dinastía a lo más alto.

Dejó su impronta en el templo de Satet, en la isla Elefantina, en el Speos Artemidos en honor de la diosa Pajet.

Sin embargo, el centro de acción principal de la reina fue su ciudad, la pujante Tebas. Se implicó en el recinto de las barcas sagradas de Luxor, edificó la llamada Capilla Roja del enorme templo de Amón en Karnak y, de las canteras de Asuán, mandó hacer los obeliscos más grandes que se habían erigido en Egipto hasta entonces, y los llevó a Karnak decorados con electrum, aleación de oro y plata. Se cree que el obelisco inacabado que aún hoy se puede ver en Asuán data del reinado de Hatshepsut, y de haberse acabado habría sido el mayor de toda la historia del país.


Aunque no fue en Karnak donde Hatshepsut desplegó toda su imaginería, sino en la orilla oeste de Tebas, la necrópolis de entonces. En aquella época, los faraones hacían construir, además de su tumba, un templo funerario algo alejado de ésta, que sirviera a un mismo tiempo para proteger y recordar al difunto. Hatshepsut escogió el paraje de Deir el-Bahari para edificar su templo de millones de años, y encargó la tarea a su arquitecto favorito, Senenmut.

El resultado final fue envidiable: construido al lado del templo de Mentuhotep II, el de Hatshepsut es una de las joyas del Antiguo Egipto y uno de los destinos más visitados por los turistas. Conocido por aquel entonces como el Dyeser-Dyeseru (el sublime de los sublimes), su estructura en forma de largas terrazas y de rampas con suave inclinación, de estilo similar al de Mentuhotep II, le hacen fundirse a la perfección con la roca y el entorno. Uno de los misterios en dicho templo radica en un sector sellado como una caja en la pared en que se puede observar por un lado a Hatshepsut en actitud amatoria y a Senenmut en la otra cara, como receptor de la pose amatoria de la reina, lo que deduce un íntimo vínculo (prohibido por su linaje) entre el arquitecto y la reina-faraón.

Muerte de Hatshepsut

Sin embargo, fue a raíz de la finalización del templo de Deir el-Bahari, sobre el año 15-16 de reinado, cuando la estrella de Hatshepsut comenzó a menguar a favor de la de Tutmosis III. El rey era un joven que cada vez ansiaba más el poder, y a cualquier precio. Así, no es de extrañar que en apenas un año murieran los dos principales sustentos de la reina y sus más grandes apoyos, Hapuseneb y Senenmut. Y por si no fuera poco, poco después murió la gran esperanza, el arma secreta de la reina, la princesa Neferura.

Los golpes que sufrió Hatshepsut en torno al año 16 de su reinado fueron tan grandes que a partir de entonces la reina se retiró parcialmente del cargo y el otro rey, Tutmosis III, comenzó a tomar las riendas del gobierno. Al parecer, la ambición de Hatshepsut era aún más grande y no estaba satisfecha con ser ella sola "faraón", sino que se proponía inaugurar una auténtica dinastía femenina de reyes, y por esa razón declaró "Heredera" a su amada hija Neferura. La muerte de la princesa fue tan repentina y favorable a Tutmosis III que hay quien piensa que fue intencionada, y que consiguió su objetivo: derrumbar a la reina-faraón.


Hatshepsut murió en su palacio de Tebas tras un largo reinado de 22 años, abandonada por todos. Se ignora la edad de su muerte, pero se estima que debería oscilar entre los cuarenta y los cincuenta años. Años atrás no se sabía cómo murió exactamente, si fue muerte natural o durante un golpe de estado liderado por su hijastro, Tutmosis III, que en esa época era virtualmente el único rey, pues Hatshepsut se había retirado de la lucha.

(Wikipedia)

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